Quince kilómetros nos separan de nuestro próximo destino. Pedaleamos hasta Nazaré, donde nos espera una tarde de sol, playa y mar. Esta villa piscatoria conserva sus tradiciones y es muy normal ver a la gente por las calles vestida con los trajes típicos.
Para recuperar energías, nada mejor que colocar la toalla en la arena y refrescarse en el mar.
Antes de que empiece a anochecer, hay que aprovechar la fantástica vista desde el mirador del Sítio. Para llegar allí es aconsejable que aproveche el histórico Ascensor, un antiguo elevador que existe desde 1889.
La cena se aproxima e hay que pensar en donde pasar la noche. Se puede optar por residencias o por el camping. A continuación podremos aprovechar la noche para un paseo, con parada en algunos bares, pero sin pasarse pues nos espera una etapa más el día siguiente.
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